Julio:
no atino con tu pregunta.
La mezcla de ñandu con el presunto desierto israelí poblado por los kibutzim es medio fuerte.
No sé si es una alusión al fugaz sueño de Herzl de implantarse en la Patagonia, riéndose de los pèsimos controles fiscales del estado argentino (el de entonces, porque los de ahora deben ser un reloj suizo…).
O si cruzás tu inspiración con la de Sorín en La era del ñandu…
O si pretendés una segunda kibutziada, o ejercicio de socialismo utópico patagón… Fourier era el que había definido el número óptimo para “sus” falansterios, 810 habitantes, mitad hombre, mitad mujeres… qué haría el pobre con la cantidad de travas, emancipados de género, transsexuales, y otros personajes que se sentirían excluidos de todo planteo bi, cuando reclaman la multi…
No sé si te conté, pero viví varios años en un kibutz a la uruguaya, sin judíos, sin sionismo, sin ruralidad, pero en contacto precisamente con algunos inventos afines, como comunidades cristianas, kibutzim… mi enseñanza, mejor dicho mi aprendizaje no me dejó el mejor sabor, ciertamente.
Vi irse, con una mano atrás y otra adelante un viejo compañero que perdió varios dedos en una minerva y que poco antes habìa entregado una pequeña herencia al fondo comùn. Se fue con una mano atrás y otra adelante, y una de las dos manos casi inservible. Y con dos hijos (y uno enfermo)… llegué a la conclusión que José María era un reverendo hijo de puta.
José Marìa Comùn era el nombre que los disidentes le fuimos poniendo a la presunta voluntad general, o espíritu comunitario, o voz y mensaje del experimento.
Vos ponés, por ejemplo:
“Todo integrante tiene la opción abierta de retirarse de la comuna en el momento que lo desee.
Ningún integrante ni ex integrante, posee derecho a demandar a la comuna x ninguna razón ni en ninguna condición.”
Aquì estamos justamente en lo que te contaba, pero menos mal que luego pusiste:
“La indemnización que recibe el integrante que se retira, será la que fijen los estatutos vigentes, no tiene influencia la asamblea general, en tanto esa indemnización, es un mero cálculo.”
Pero, claro, en esta frasecita no hay precisiones. Y volvi a acordarme de mi amigo y ex-comunero semimanco…
Pero ciertamente no todos tenemos porqué tener las mismas experiencias. Yo deduzco de tus afanes organizativos que tu experiencia en kibutz ha sido formidable.
Te comento al pasar que el régimen de voluntariado funcionaba fluidamente en donde estuve (se llamaba, o no sé si no se llama todavía, Comunidad del Sur). Mucha gente se afanaba por “hacer una experiencia”. En términos económicos era una magnìfica forma de acumulación de capital. No para el voluntario, obvio, pero sí para la orga.
No soy muy optimista con lo que considero un proyecto de implantación tuyo. La mezcla de ñandú e Israel no me parece demasiado ligada con la probabilidad. El movimiento kibutziano enamoró a muchos jóvenes mientras se inventaba un país, pero bajo el supuesto de que se redescubría. Y en verdad era una mezcla, porque la realidad de la comunidad histórica judía es indudable y muy fuerte.
Pero lo que salió no fue el afloramiento o refuerzo de esa comunidad judía, milenaria, sino la construcción de una nueva identidad, la sionista, que rompía con lo que sus doctrinarios calificaban una actitud pusilánime y vencida de tantos judíos y reivindicaban una identidad orgullosa de sí, valiente, expansiva.
Todo eso fue un atractivo. Atrozmente estimulado por el nazismo, con tantos intereses comunes (aunque opuestos) con los del sionsimo. Por algo en los años del nazismo fueron mas judìos a Palestina-Israel que nunca antes (aunque la mayorìa, es cierto, tampoco hayan ido a Palestina-Israel).
Pero nada de eso se ve en la Patagonia. Lo argentino no tiene un irredentismo similar. Salvo en las Malvinas. Allì sì podrìa prender una prédica como la que planteás. Y habría unos cuantos jòvenes, patagones, porteños, cordoboses, que tratarían de instalarse en las islas. Si los ingleses, o los kelpers los dejan, claro. Allì, sí podrìa aumentar la fiebre, como aumentó en Palestina cruzada por tres sedes religiosas… acordate de Saladino y Ricardo Corazon de León a los tortazos hace casi mil años. Decí que por suerte vino ahora Shlomo Sand para bajar un poco la temperatura (la histórica, porque creo que la personal de muchos va a subir…)
domingo, 10 de enero de 2010
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